Sobre mí

He desarrollado mi recorrido en el acompañamiento terapéutico a lo largo de casi 20 años de experiencia. A lo largo de este tiempo he ido formándome en distintas corrientes humanistas e integrativas —como la terapia integrativa, Gestalt, Programación Neurolingüística, Análisis Transaccional o Psicodrama— que he integrado en una forma de trabajo propia, flexible y adaptada a cada persona.

En algunos procesos, junto a los enfoques más habituales en occidente, podemos incorporar herramientas de carácter corporal, energético o simbólico cuando resultan significativas y útiles para la persona y la situación. No parto de un método cerrado, sino de la escucha, la presencia y del momento actual de cada cual. Otorgo una especial importancia a la relación terapéutica, que para mí es el eje primordial de las relaciones humanas. Considero que una relación basada en el respeto y la libertad entre cliente y terapeuta es la base para que lo que ocurre en la sesión pueda, con el tiempo, incorporarse a la vida y a la experiencia en el mundo exterior.

Mi acompañamiento no se centra en el diagnóstico ni en la aplicación de técnicas de forma mecánica, sino en crear un espacio seguro, respetuoso y humano en el que puedas explorar tu experiencia, comprenderte mejor y desarrollar una relación más consciente y amable contigo misma/o, con tu entorno y con las personas que te rodean.

Mi trabajo se sitúa en el ámbito del acompañamiento terapéutico y del desarrollo personal. No soy psicólogo ni realizo tratamientos clínicos; por ello, si en algún momento considero que una situación requiere un abordaje clínico, lo comunico con claridad para poder valorar otras alternativas de ayuda.

Doy especial importancia a lo humano y al tiempo del encuentro terapéutico. A veces se llega a la sesión después del trabajo, del tráfico o de caminar bajo la lluvia, y no siempre es sencillo entrar plenamente en el espacio terapéutico de forma inmediata. Al trabajar con sesiones de una hora y media y dejar margen entre clientes, no nos vemos apresurados por el paso de las manecillas del reloj. Así, podemos entrar paulatinamente, si es necesario, en el trabajo y sostenerlo con cuidado durante el tiempo que requiere. Son menos sesiones al día, pero cada una de ellas tiene su espacio; podríamos decir que es un poquito más mindfulness.

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